Quizá mi comprensión me esté fallando. Quizá deba ir al doctor y analizarme, pero creo que el discurso de Nicolás Maduro —y hasta que la ley diga lo contrario— Presidente electo de la República Bolivariana de Venezuela, posee varias inconsistencias y contradicciones.
Me referiré tan solo a una que nos llega de cerca a quienes hayamos estudiado en algún momento la historia de la extinta Unión Soviética.
Sus ideas hablan de unidad nacional —y sí que hace falta cuando las elecciones pasadas evidenciaron una Venezuela dividida política y socialmente. Pide una revolución dentro de la revolución y que todos se unan y dejen detrás el odio y el rencor. OK. Estoy de acuerdo, pero ¿unidad en qué sentido?
En su discurso ante la nación tras ser investido oficialmente de todos los poderes políticos que le son conferidos, hizo un aparte y se dirigió abierta y directamente a todos aquellos que votaron por los demás candidatos. Maduro les pidió unirse a él y emprender la marcha por el futuro del país.
Minutos después se regodeaba que el partido socialista, el que él llama Partido del Pueblo, posee 20 de las 23 gobernaciones de los estados. A esos 20 gobernadores llamó patriotas… a los otros no.
En otros momentos de su largo pronunciamiento, hizo nuevamente referencia a que solo se es patriota si se milita bajo los preceptos del fallecido Comandante Chávez, bajo la dirección socialista.
Casi al finalizar, dijo que esa banda que le fue conferida y le distingue como cabeza del Estado venezolano, solo se la quitarán cuando le sea entregada a una mujer o un hombre chavista igual que él, lo cual se traduce: socialista igual que él.
«Necesitamos la unidad del pueblo» «Venezuela tiene que unirse» ¿Pero a qué precio?
Según Maduro, se es patriota si se es socialista, lo cual yo considero que es como decir que si soy circuncidado, soy judío.
Si lo que dice el actual presidente de Venezuela es cierto, entonces ese país tiene a más de siete millones de personas viviendo en él, sin ser patriotas.
En un momento político y social tan convulso como el que vive esta nación hoy día, hacer estos pronunciamientos, al contrario de unir y apagar rencillas, las enciende. Con esta bandera, quienes son adeptos socialistas mirarán con odio a quienes no lo son y les considerarán apátridas, vendepatrias y cuantos otros apelativos vergonzosos puedan surgir.
No se puede llamar a la unidad queriendo imponer pensamientos, adoctrinar mentes, eliminar la libertad de escoger lo que cada quien considera es mejor para sí.
Esto es lo que está haciendo Maduro, unificando al precio de vender el alma, lo que nos hace ser distintos, únicos.
Durante 14 años de presidencia Hugo Chávez logró gobernar, hacer marchar el país, convertirlo en una potencia y no por ello los demás partidos políticos dejaron de existir. No por ello la mal llamada oposición tuvo que desaparecer. ¿No puede hacer lo mismo Nicolás Maduro?
¿Es necesario vender mi libertad, eliminar mis gustos, unirme a una mente de colectiva, a una sociedad de masas para ser considerado patriota?
Joseph Stalin fue durante muchos años el líder de la Unión Soviética, quienes estaban en sus filas eran los únicos considerados patriotas. Los demás conocieron los Gulag. La historia tuvo la última palabra.






