miércoles, 12 de agosto de 2015

WiFi ¿Establecer conexión?

Cuando di el salto desde la tradicional computadora de escritorio al ordenador portátil, descubrí no solo la comodidad de poder andar con mis archivos para cualquier sitio, sino un mundo invisible que hasta el momento desconocía: las redes inalámbricas de datos.

La sorpresa no radicó mucho en su existencia. Sabía de las WiFi. Lo que no podía calcular en su total magnitud es cómo esta tecnología ya no era de uso exclusivo de empresas, universidades y demás centros estatales —los únicos autorizados a conectar computadoras en el país— sino que desde sus casas las personas comenzaban a conectarse con el vecino de al lado, o con el de la calle del frente y este con el próximo, hasta poco a poco ir creando una red de barrio, una WiFi «clandestina».

Villa Clara, una de las provincias del país en constante evolución y desarrollo no queda detrás, y en la capital provincial contabilizamos en una búsqueda inicial más de 30 redes inalámbricas, tan solo en tres de los principales barrios, unas cuantas siendo puntos de acceso (Access Point o AP) que tributan a la ampliación de una misma red y esto es solamente el extremo de la madeja.

Conectando…

Luis Manuel es uno de los tantos muchachos que disfruta de juegos en línea, porque indiscutiblemente «es más entretenido jugarlo en red con otros contrincantes, que contra la computadora», por eso cada tarde se comunica con los demás aficionados del barrio mediante la Olympus WoW LK-2 donde «siempre te encuentras gente online».

Las redes de gamers se extienden por Cuba.
Esta es unas de las principales atracciones
que seduce a no pocos jóvenes y adultos
fans de los videojuegos online.
(Foto RRA)
¿Y cómo no? La interconexión de usuarios desde la comodidad de casa se ha vuelto cada vez una alternativa más practicada, no solo por los denominados gamers, sino por aquellos que buscan pasar el rato con amigos, chatear mediante servicios de IRC, quizá enterarse de algunos clasificados de venta publicados por los mismos usuarios, o copiarse softwares y videos unos a otros.

Pero para lograrlo se necesita de componentes que no están «en la tienda de la esquina» como lamentan algunos y por este motivo los creadores de redes como Blizzard-Net, Sam Fischer MW3 o La Bala entre muchas más, recurren a una inversión —personal o colectiva— para adquirir equipos transmisores de red 802.11 (norma para las redes WiFi) mediante encargos a amistades en el extranjero, revendedores o incluso a técnicos que los fabrican de forma artesanal.

«Comprar un AP TP-Link de 2.4 GHz de ancho de banda, que cubra una distancia media de 2 Kmx y permita la conexión a unos 56 Mbps oscila entre los 90 y 120 CUC.

Puede tratarse de un AP, un router o un switch… las opciones son varias, incluso hay quienes añaden dispositivos artesanales para aumentar su alcance y no quedarse «colgados», como suele denominarse a quienes por lejanía o mala recepción fluctúan en la conexión y afectan la estabilidad de la red.
 
Es frecuente hallar dispositivos WiFi,
como este AP de marca TP-Link,
unido a aditamentos artesanales
que aumentan su capacidad de recepción,
 tales como esta antena biquad. (Foto: RRA)
«Muchas veces alguien consigue que un familiar le traiga la antena o un transmisor, y entonces monta la red y le avisa a sus amigos» nos cuenta Lídice, estudiante de Cibernética en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas.

Miguel, aficionados a los juegos y la informática dice que «normalmente nadie cobra por conectarse a jugar o chatear, o incluso por pasarse archivos. Sin embargo hay quienes montan la red o se ponen de acuerdo con el dueño y distribuyen copias del paquete semanal por esta vía, entonces los que reciben este servicio sí pagan, como lo harían de irlo a copiar personalmente».

Esta práctica, extendida en varias provincias del país posibilita el mantenimiento de los equipos de red y la recuperación de la inversión en algunos casos. «Es un acuerdo en el cual todos quedan contentos».

Identificando la red…

Desde el año 2000 y bajo constante transformación, las redes de conexión WiFi se han instaurado en los sistemas de comunicación y transmisión de datos como una vía fácil y eficiente para interconectar la mayor cantidad de personas, sin necesidad de crear una infraestructura tan cara y trabajosa como lo constituye una red cableada.

Esto ha propiciado que las redes en espacios abiertos sean una realidad habitual, y que a nivel mundial cada vez menos personas hagan uso de cables, incluso en sus casas.

Lamentablemente y como suele suceder, en Cuba es hasta ahora que se crean los primeros puntos de conexión públicos, estos como parte de la estrategia para expandir el acceso a los servicios de navegación que ETECSA brinda mediante las cuentas nauta.

A pesar de ello, el cubano tiende a ir un paso por delante, y ante la desconexión en la cual vive, surgieron las alternativas de barrio.

Al principio algunos con pequeñas antenas artesanales conectaban a sus amigos para jugar. Ya hoy existen redes bien fundamentadas, con una infraestructura estable y administrada con seriedad, que interconectan a miles de equipos y proveen servicios de redes sociales, páginas webs creadas y hospedadas en sus propios servidores, e incluso brindan servicios de video llamadas online para sus usuarios.

El ejemplo más conocido se torna la SNet (Street Net o Red Callejera) que en La Habana da servicio a más de ocho mil equipos, abarca varios municipios de la capital y que opera bajo una «legal ilegalidad» a la cual se sujeta bajo un compromiso ético firmado por sus usuarios.

El objetivo principal de esta y otras redes es la de brindar un espacio de conexión y socialización a las personas. Un lugar para intercambiar, comentar y conocer.

«¿Por qué si la gente con sus propios recursos hace eso ETECSA no puede hacer algo parecido? » me pregunta Alex, joven estudiante de Lengua Inglesa, quien comparte una pregunta que asalta a muchos.
 
«En la universidad nos podemos conectar a la intranet nacional y a internet durante la semana. Algunos en sus trabajos tiene posibilidad de un correo, pero y los que no tienen la oportunidad, ¿por qué no pudieran entrar a redes públicas donde puedan chatear, leer, copiar o simplemente intercambiar gratuitamente?»

Durante la clausura del primer Taller Nacional de Informatización y Ciberseguridad, el vicepresidente Miguel Díaz-Canel expresó que son fundamentales «el derecho a la información, la comunicación y la participación». Basados en este principio muchos cuestionan por qué las iniciativas personales para suplir este derecho han de estar tras el telón.

Más aún, cabe entonces preguntar ante la apertura y giro en la informatización del país, ¿qué espacio tienen las redes WiFi particulares, privadas, ilegales o informales, como son consideradas por los especialistas?

miércoles, 1 de julio de 2015

¿Cambiaremos?

A juicio particular: si los tiempos y el contexto han cambiado, el discurso de cerco, enfrentamiento y resistencia no se corresponden al esperado anuncio de apertura de embajadas entre Cuba y Estados Unidos.

Amén de diferencias de criterio acerca de las nuevas relaciones y del escepticismo, que tanto en un lado como en el otro han provocado, lo justo es decir que el mérito es compartido.

Sin importar las motivaciones particulares (y sabemos son reales), ambos gobiernos supieron llegar a un punto medio en el cual millones esperamos ser beneficiados.

Sin embargo, la óptica oficialista de la ideología impuesta por décadas al pueblo cubano, aún hace mella en nuestras palabras. Es por ello que desde periodistas hasta simples personas en la calle, cuando manifiestan sus criterios a los medios de comunicación lo hacen desde la barricada, desde la postura de fortaleza sitiada, donde el “enemigo” es el mismo, aunque no exista enemigo y la guerra haya finalizado.

Hablamos oficialmente de una normalización de relaciones, pero a la vez se exigen condiciones para ello, en vez de negociarse en términos diplomáticos.

Si justo es que la integridad territorial de Cuba sea respetada y “Guantánamo” retorne como territorio soberano, o que el Bloqueo o Embargo sea anulado; también entonces debemos estar dispuestos a responder cuando Microsoft, Fox, CBS, NBC y todos los demás demanden resarcimiento por la distribución y transmisión ilegal de sus softwares y programas televisivos. Así como el empleo sin autorización de marcas, emblemas, y productos.

A esto nos lleva la postura de agresión mutua y de creernos capaces de exigir: a crear nuevas tormentas, nuevas separaciones. ¿O es que acaso esta es la intención?

Si desde el 17 de diciembre se aboga por desterrar viejas rencillas y lograr restablecer relaciones que nunca debieron anularse, más vale que también seamos capaces de eliminar discursos y posturas que solo entorpecen el trabajo diplomático y que en nada distan de aquellas de extrema derecha que en Estados Unidos desean dar marcha atrás a todo el camino recorrido.

miércoles, 3 de junio de 2015

Del estudio y las motivaciones



Biblioteca UCLV Marta Abreu - Foto: Raul R Ayala
Uno de los principales reproches que hoy día tienen los profesores universitarios, es la falta de compromiso de los estudiantes con el estudio, o el poco sentido de pertenencia con sus carreras. Si bien es cierto que no todos estudian lo que hubiesen deseado y ello repercute en su poco interés por destacarse y mantener un excelente recorrido, varios alumnos hemos conversado el tema y vemos que va más allá. 

Entre las causas de una aptitud descuidada ante la academia, es recurrente la crítica a un sistema de enseñanza reproductivo, en el cual el estudiante se torna simple depositario de información recibida lineal y unidireccionalmente por parte del profesor, quien en muchas ocasiones solo repite lo ya dicho en libros de texto. En estos casos, el alumno promedio, desmotivado a prestar su cien por ciento de atención, se conforma con asistir obligatoriamente a clase y memorizar el contenido a evaluarse.

Al continuar la discusión del tema encontramos que no pocos se aburren durante los “a veces interminables turnos de clase”, esas inagotables conferencias donde se escucha sin parar y donde, con caso omiso a la didáctica de la enseñanza-aprendizaje, se obvian los referentes visuales, los materiales de apoyo, el intercambio de criterios con el alumnado… estos y otros tantos elementos diseñados pedagógicamente para atrapar la atención del auditorio y motivarles en clase.

Ahora, existe también un criterio manejado por los profesores, y conocido por nosotros: “no todos están para lo que tienen que estar”. Y es que más de una vez hemos tenido algún compañero de clase que nos hace preguntaros: “¿Qué hace este aquí?” 


Un número —si bien no precisable, pero nada desestimable de estudiantes— se ha acostumbrado a asistir a clase, tomar breves notas y bastarse con eso para su estudio; no importa que sea de las asignaturas que sí exigen estudio independiente.

A ellos se suman aquellos que hacen una excelente distribución de su tiempo entre fiestas, descanso, deporte, juego, Facebook, series y… bueno, y dormir… “ya veremos que se inventa para la prueba”.

Llegan entonces los análisis de resultados del semestre anterior y las estadísticas comienzan a mostrar segundas y terceras convocatorias a la orden del día, no pocos estudiantes con “arrastres” y un descenso de las notas. Es en este momento cuando comienzan nuestros directivos a preocuparse y todos a indagar las causas… ¡como si no fuesen conocidas!

¿Qué le toca hacer al profesorado? ¿Qué nos toca a los estudiantes? Las respuestas son claras y cada uno es capaz de respondérselas a sí mismo. Mas creo que la solución no radica en respuestas individuales y egoístas velando por suyo propio, sino en la capacidad de juntos proponer un sistema capaz de motivar y comprometer tanto a los unos como los otros. Ellos cobran por educar, nosotros estudiamos para graduarnos; unamos propósitos y seguramente todos quedaremos satisfechos.

martes, 24 de marzo de 2015

Hacer Periodismo… una deuda pendiente

Cuando hablamos del periodismo hecho desde Cuba podemos dividir las opiniones en dos criterios principales: los que piensan esperanzadora e ilusamente que estamos ante una prensa transparente, capaz y respetuosa de su público —son los menos—; y aquellos —los más— que vemos nuestro quehacer informativo reproducir modelos ineficaces y triunfalistas, donde la realidad es tergiversada a través de una lente regida por el poder.

¿Dónde quedan las ideas que hace más de un siglo Martí esbozó para hablar de un periodismo de proposición, análisis, reflexión...? ¿Quizá por distantes en la historia, han sido desterradas a un rincón de la memoria? Pudiera ser.

Mas entonces, ¿dónde están presentes los reclamos de María, que desea se hable de la realidad de por qué no hay huevos a la venta? ¿O los criterios de Juan, que no pudo recibir su tratamiento porque misteriosamente desaparecieron los medicamentos que le correspondían? 


Estos temas y muchos más son diariamente buscados en nuestros informativos, donde debieran verse representados, mas, en su mayoría, no pasan de ser criterios escuchados a diario entre los cubanos y que no reciben nunca el visto bueno para ser analizados a la luz de nuestro periodismo.

Es entonces cuando la opinión pública, nuestra opinión pública nacional se cuestiona qué hacemos los periodistas. Es entonces cuando nosotros mismos, en las redacciones, en nuestras academias y reuniones nos hacemos la misma pregunta, para terminar por refugiarnos una vez más en el consabido y estricto control de la censura sobre los medios cubanos.

Si miramos en perspectiva, hasta hace unos cinco años atrás la dinámica de trabajo dependía, casi exclusivamente, de lo que dictaba el PCC en sus reuniones con la prensa y de los temas que las diferentes administraciones públicas y estatales solicitaban abordar: cumplimiento en la zafra, sobrecumplimiento en los índices productivos, el nunca mejor estado de la agricultura nacional o la encarnizada lucha contra las ilegalidades protagonizadas por el pueblo. 


Rara vez, salvo contadas ocasiones, se pedía una crítica al sistema de gestión empresarial socialista que sumía en la ineficiencia y ruina a ministerios completos, como el del Azúcar; o la necesidad de cuestionar la labor de funcionarios, de entidades enteras, que malversaban fondos y abusaban del poder, como suele suceder en instituciones de administración estatal como el Instituto de la Vivienda.

No, esos temas que el pueblo buscaba en el ejercicio responsable de la prensa se encontraban desterrados de la misma, como si no existiesen, o peor, como si no importasen ni a autoridades ni a periodistas, quienes, en última instancia, daban su nombre y rostro ante el público para hablar de cuántos médico mandaba Cuba al extranjero a devolver la vista a los pobres, mientras los de casa no pueden ni soñar con el “milagro” de esa operación.

Ningún hombre es una isla, y ninguna isla es un mundo, por ello a medida que Cuba ha entrado en contacto con el exterior y su gente ha comenzado a conocer, viajar, leer y escuchar, nuestra sociedad inevitablemente se ha replanteado posiciones, tal como también nuestro periodismo y sus directivos.

Hoy que la dirección del país en voz de su presidente, vicepresidente y otros altos funcionarios sostienen un discurso que anula el secretismo, elimina la autocensura y devuelve en teoría la autodeterminación a los medios de prensa, la coyuntura se muestra indicada para que se pueda cuestionar, proponer, reflexionar, tal como indicaba Martí.

Sin embargo una detenida vista a nuestras publicaciones y espacios informativos, aunque denotan renovación de códigos, de lenguajes, un uso dinámico de la tecnología y el deseo de hacer trabajos más llamativos y con mejor desempeño de la técnica periodística, aún evidencian la no representación de temas de interés masivo necesarios de abordar, sobre todo de aquellos que cuestionan problemas medulares del país. 


 

¿No existen los tópicos? Mas bien existen aún directivos que no se responsabilizan con sus medios o apoyan a sus periodistas en el desarrollo de trabajos investigativos que enriquecerían sus publicaciones y restaurarían la ya dañada confianza del cubano en sus periodistas. También existe un divorcio entre lo que se dice oficialmente y lo que los representantes del oficialismo aprueban y dejan de aprobar en sus áreas de dominio.

“No es el momento oportuno.” “Esa crítica puede ser usada por el ‘enemigo’ para hacer daño a la Revolución.” ¿Entonces cuando se puede decir que la ineficiencia empresarial es debida en muchas ocasiones al desvío de recursos?, ¿en la despedida de duelo de los responsables? ¿O cuál es el contexto para decir que la excelencia del sistema de salud cubano se ha tornado un discurso vacío, que solo creen quienes disfrutan de beneficios pagados por sus gobiernos al contratar a nuestros médicos?, ¿cuándo se estudie dentro de los fracasos históricos, a la par de la zafra de los diez millones? 



El uso responsable de la crítica, del cuestionamiento, de la investigación periodística y la denuncia oportuna son características de esta profesión que lleva entrega y amor por informar. Si nuestro compromiso primero es con el público, ¿por qué no lo evidenciamos? Si el “poder” anuncia en todas las tribunas y escenarios que es la hora de hacer periodismo de verdad, ¿por qué no hacerlo?

Pasos en este sentido, como el programa Cuba dice, aún están lejos de lo que queremos y podemos hacer. ¿Seremos capaces de dejar a un lado criterios anticuados y contraproducentes, y vestirnos dignamente con la verdad periodística? Es el deseo de muchos, la intención de unos cuantos y el reclamo de millones que esperan ver nuestros trabajos.

lunes, 26 de enero de 2015

El pueblo pregunta: ¿y ahora qué?

Me contuve de escribir en estos días en espera del rumbo que tomarían las conversaciones entre Cuba y Estados Unidos. Al igual que millones de cubanos, dentro y fuera de la Isla, me debatía entre la expectación entusiasta y el escepticismo razonable. ¿Qué traería consigo esta primera ronda de conversaciones tras 35 años de inexistente diálogo?

Más allá de las decisiones tomadas —muchas de ellas ya esperadas— la “noticia del día” es justamente que, parafraseando la célebre frase de Antonio Maceo cuando rechazó el pacto de paz brindado por el ejército español, en esta ocasión “SÍ nos entendemos”.

Pero fuera del campo de los acuerdos y muy lejos del lente de la prensa, la opinión pública cubana se pregunta cuáles serán las ventajas o desventajas para el pueblo. Sí, pues estamos tan acostumbrados a buscarle la cuarta pata al gato, que aún esperamos que de un momento a otro el castillo de naipes se venga abajo.
 

No se nos puede culpar por esta actitud, pues además es algo plausible. Tomemos por ejemplo la Ley de Ajuste Cubano. Todos temimos que al restablecerse las relaciones diplomáticas entre ambos países esta legislación pasaría a la historia. Mas a pesar de los pronósticos y especulaciones, el gobierno americano ha decidido mantener “su fuerte compromiso” en el mantenimiento de la misma.

Entonces, ¿qué repercusiones inmediatas tendrán para el pueblo cubano estas conversaciones bilaterales, estas nuevas relaciones con Estados Unidos?

No lo sé, pero sí conozco de varias solicitudes y esperanzas por parte de muchos coterráneos, de ellos un gran por ciento joven.
 

Muchos esperan una mayor apertura a la posibilidad de viajes de turismo, estudio y trabajo hacia los Estados Unidos. Con la incorporación de más personal en la futura embajada estadounidense y su postura de aumentar el otorgamiento de visas a cubanos, esta es una posibilidad real.

Otro de los deseos populares consiste en la posibilidad de recibir financiamiento de inversores para los pequeños negocios privados, sociedades anónimas que hagan levantar esta otra cara de la economía cubana en reestructuración.

Mayor agilidad en los procesos migratorios regulares. Posibilidad de acceder a internet de manera popular, y dadas las intenciones de empresas americanas de telecomunicaciones con interés de invertir en Cuba.

Una disminución del costo de la vida en la Isla: pues como ahora no es necesario importar los insumos y demás mercancías desde el otro lado del mundo, se presume el abaratamiento de los alimentos y productos de primera necesidad, que cuando no están ausentes de las tiendas, oscilan sobre nuestras cabezas por sus altos precios. 



Estas son algunas de las peticiones del cubano que no se viste de traje, ni se sienta a la mesa de discusiones. ¿Cuándo podremos disfrutar de estas mejoras? ¿Llegarán a ocurrir? Ya estas son las respuestas que sí tienen que decidirse en el diálogo al cual permanecemos expectantes y en el cual, una vez más, se decidirán el futuro y suerte de nuestro pueblo.